viernes 6 de noviembre de 2009

¿eBooks y Amazon Kindle esta navidad?


Y también llegan los e-books y el Kindle. Si ingresan a la página de Amazon pueden encontrar que Perú es uno de los 100 países con acceso a lo privilegios de descargar un libro digital.



Al margen del entusiasmo que despierta un nuevo gadget (si no recuerden lo que ocurrió con el iPhone) uno va descubriendo cuales son las ventajas y limitaciones. En el caso del Kindle la ventaja tecnológica es innegable, el problema para nosotros es la limitación del idioma y la publicación de autores de interés, mas allá de la esfera estadounidense, ese mirarse el ombigo tan criticado por uno de los miembros de la Academia Sueca.


Y en mi caso particular, con los libros de medicina, a pesar de las obvias ventajas de tener decenas de volúmenes en el bolsillo del mandil, los títulos disponibles no son tan interesantes como parecen. Esto porque la revolución electrónica de los libros médicos empezó hace casi una década, con las ediciones interactivas en CD-ROM y luego las ediciones digitales disponibles para handhelds (Palm en cristiano). Tratándose de textos sobre ciencia, los gráficos, colores y animaciones a veces son más importantes que las palabras.


Como he leído en diarios y blogs, entre ellos Moleskine Literario, la irrupción del libro electrónico tiene que traer consigo una revolución tecnológica en el desarrollo de los editores literarios, no bastará que la edición digital sea una versión electrónica del hardcopy, debe de traer algo más (notas al margen, apéndices, índices, almacén de citas, etc), sobre todo para vencer la resistencia de los que amamos leer sobre papel, de tener un objeto que podamos cuidar en un estante junto a otros ejemplares.


Un gadget es un gadget, no podremos poner dentro de él, notas, recibos, cartas de amor o fotos, que vayan guardando parte de nuestra vida paralela a la lectura de un texto. Por ejemplo, hace poco, desempolvando mi viejo libro de Rayuela he recuperado una boleta de la universidad y un recetario con notas sobre como pensaba en esa época, una máquina del tiempo literaria.


Tal vez mis androides sueñen con ovejas virtuales y con un Amazon Kindle, yo aún con mis libros de papel y parte de mis recuerdos.

Se viene la Feria Ricardo Palma

Fuente: Carlincaturas
Pero en San Borja. Como dice uno de los carteles que vi fuera de un solar en Miraflores: Muchas Gracias Dr. Manuel Masias por semejante desastre cultural.

Por eso miro con escepticismo la creación de un Ministerio de Cultura ¿qué cosa podría hacer (o deshacer) un ministerio? ¿solo crear una parafernalia, burocracia y pomposidad innecesarias? Si tenemos alcaldes que prefieren el ruido de la calle de las pizzas a promover la lectura, poco podemos esperar.
En todo caso, solo espero que esta feria traiga novedades interesantes.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Cueto visita a Onetti




Una taza de café luego de una noche de guardia te devuelven a la condición humana. Si viene con algo de comida se soporta mejor la cuesta arriba del día de trabajo.

Durante una de mis rotaciones del Internado, en la Maternidad de Lima, salía a las 8 am con un par de amigos a buscar un sitio donde tomar café, ya que el del hospital era insufrible. Cerca de allí encontramos uno al que llamamos el Café de los Hombres Solitarios. Era una chingana de losas labradas en el piso, cubiertas levemente por aserrín, con el mobiliario de madera. En cada una de las mesas un anciano desayunaba, masticando lentamente con la mirada al vacío. Una isla incomunicada.

Solo cuando llegaba el mozo y limpiaba con su paño sucio a limpiar nuestra mesa nos desconectábamos del entorno para pedir los desayunos. La escena de esos hombres derrotados por la vida se repetía cada mañana post guardia, con el vapor del café calentando sus arrugas. Creo que a partir de ese día comencé a pensar en el futuro como un asunto serio e individual, ya en los meses siguientes dejaría la universidad a hacerme cargo de mi vida profesional.

No sabría hasta varios años después que el vocablo inventado como personajes onettianos me harían retroceder hasta recordar el Café de los Hombres Solitarios :


"Los narradores-personajes de Onetti son seres sombríos. En ellos anida la sensación de inutilidad, y con frecuencia, la renuncia a la lucha. pero están lejos de ser personajes apáticos. La "cobarde ferocidad" con la que el narrador de Bienvenido Bob clava la tecla del piano en el silencio de la casa es un ejemplo del lenguaje indirecto y violento de los derrotados. En los protagonistas onettianos, un fuego feroz y reprimido acompaña el silencio de los que viven en la penumbra."

El texto pertenece al último libro de Alonso Cueto, El Soñador en la Penumbra una de mis sorpresas en la pasada FIL. El libro se origina a partir de la tesis doctoral de Alonso, Las leyes de la ciudad y la vejez, su reescritura es acaso el repaso del autor por gratas experiencias vitales: el agradecimiento a profesores, a los amigos y al amor de su vida. El libro comienza así:

Conocí a Juan Carlos Onetti en el acerado invierno madrileño de 1979...

El autor inicia con una experiencia cercana, la historia de la entrevista con uno de sus escritores favoritos, para descubrir al ser humano detrás de las palabra escrita, su pasión por el cine de Bogart así como sus afinidades literarias. esta primera parte configura una antesala brillante que no solo pincela la humanidad de Onetti sino que ofrece trazos que servirán para las vigas maestras de su obra.


Alonso escribe desde la trinchera de sus emociones, pero sin dejarse traicionar por ellas, repasa las obras de Onetti como utilizando una pinza y un escalpelo. Hay una sección de seis capítulos dedicada a los relatos, que "por su naturaleza cerrada y espacio limitado, el género del cuento es afín a los personajes onettianos, que no siempre respiran con comodidad en las geografías abiertas que supone una novela". Por allí son disecados: "Un Sueño realizado", "Bienvenido, Bob", "El Infierno tan temido", Jacob y el Otro" y "La Novia robada". hay capítulos sobre reflexiones acerca de la vejez, de la ciudad inventada de Santa María y las técnicas del narrador.
Los capítulos poseen citas directas de las obras de Onetti, como joyas incrustadas en una diadema, tienen un brillo propio y a la vez dan consistencia a la totalidad del texto. Son particularmente notables las reflexiones en torno a la vejez, la caracterización de los personajes onettianos, la creación de una ciudad literaria, lo que configura la enorme capacidad creativa de Onetti. Santa María puede ser cualquier ciudad latinoamericana o la condensación de todas ellas, tiene calles, diarios, sueños y millares de dramas personales.
Leer el Soñador en la Penumbra no es tarea de un día ni de una semana, es un texto de consulta y de compañía. Hay que leerlo de a pocos, con los textos originales de Onetti al lado, para conocer en profundidad a un autor poco leído y dejado de lado. Es un texto de consulta, académico y por lo tanto lleno de referencias que expanden nuestra sed de conocimiento. Su lectura nos va a enseñar, como dijo Piglia, a ser buenos lectores, y diría yo por añadidura, a ser mejores escritores


La lectura de El soñador en la penumbra nos recuerda momentos vividos o contados, como mi Café de lo Hombres Solitarios, y reconocer de que manera la vida nos sorprende con un chasquido de sus dedos o nos descubre detrás de las cortinas de nuestra propia soledad.

lunes 21 de septiembre de 2009

El Metatexto


Escrito como "Traité d´Anatomie Humaine" por Leo Testut fue publicado a finales del siglo XIX en Francia. El Compendio es un volumen dividido en de 1o Libros o capitulos, el Tratado consta de 4 Tomos.. Las ediciones fueron hechas en colaboracion con Latarjet, siendo ambos profesores de Anatomía.


Existe una descripción minuciosa de cada hueso, vaso o víscera humana, colocando sus formas, recorridos, compartimientos y fronteras. Un mapa al interior de nuestros cuerpos.


Aparte de las estructuras conocidas podrá conocer la descripción de los Huesos Wormianos:
"... pequeños huesos supernumerarios que se encuentran accidentalmente entre los huesos del cráneo. Derivan de uno o varios puntos de osificación superpuestos. Derivan de uno o varios puntos de osificación superpuestos. Se dividen, según su situación en suturales y fontanelarios..."

Ya casi había olvidado tales huesos, pequeñas cuñas de la naturaleza para esconder sus imperfecciones y asimetrías. Hasta tienen nombres como el bregmático, lambdoideo, astérico, ptérico y orbitario.


Vuelvo a colocar el libro polvoriento y húmedo en los anaqueles de la vieja biblioteca del hospital, entre volúmenes que esperan aún alguien que los lea.

Onetti visita a Testut




"Fernández se acarició velozmente la cara flaca, comprobó sin esfuerzo la existencia de todos los huesos que le había prometido Testut y se puso a mirarme como si yo fuera el responsable de todas las estafas y los engaños que saltaban para sorprenderlo con misteriosa regularidad..."

En Jacob y el Otro, frente al cuasi cadaver del luchador malherido, se realiza un juego de espejos donde la realidad se refleja en cada uno de los trabajadores de la Emergencia, el médico jefe, el Dr. Rius, el camillero Herminio y su joven ayudante, Fernández.


Un moribundo en agonía eclosiona las fuerzas y debilidades de las personas a su alrededor. Allí aparecen sus recuerdos, sus miedos, sus dudas . para uno de ellos, no es más que una repetición de rutinas, de técnicas quirúrgicas, de una constante demostración que el envejecimiento no ha menguado su destreza manual, para otros es comprobar que la vida aún puede arrancar pedazos del tiempo a la muerte, a través de la recuperación de un politraumatizado en estado de shock.


Allí, casi sin decirlo, Onetti está dibujando la anatomía del desamparo y la soledad. En esa vieja sala de operaciones, bajo la sialítica, los músculos y nervios de los cirujanos trabajan en armonía sin hora de salida, el stress mantiene el estado de alerta y las pupilas dilatadas, el pulso se hace firme y amplio, tratando de devolver vitalidad al cuerpo inerme de la camilla.


Y es debajo de la lámpara sialítica, que proyecta una luz que no provoca sombras, que los hombres descubren ese espacio de transición de la vida a la muerte, frágil e impredecible, como para poder entregar un certificado de inmortalidad.


Es gracias a la anatomía, que juntando costillas, reparando vasos y pulmones, que el corazón encuentra su ritmo habitual. Es repasar, en la imaginación del cirujano, lo que está dibujado en los libros como el de Testut Latarjet, y sus cuatro Tomos de Anatomía Topográfica y en el Compendio de Anatomía Descriptiva.


Aquellas páginas que tuve que memorizar frente a un cadáver macerado en formol. Levantar con una pinza un músculo, disecar un nervio, introducir la canaleta por las múltiples fenestras del cráneo para reproducir el viaje de las vías nerviosas. Miles de letras y dibujos de otro siglo, de cuerpos ideales e inertes, como de museo.


Onetti captura en los párrafos del cuento todo ese ambiente fantasmal de una guardia hospitalaria y los tratados de antaño. Esos minutos que se le arrebatan a la muerte y al hastío de hacer siempre lo mismo.
En la Foto: El Plexo Lumbar (léase: red de vasos y nervios lumbares)

viernes 28 de agosto de 2009

El Dr. Onetti




Fuente : Letrópolis

Politraumatizado, coma profundo, palidez, pulso filiforme, gran polipnea y cianosis. El hemitórax derecho no respira. Colapsado. Crepitación y angulación de la sexta costilla derecha. Macidez en la base pulmonar derecha con hipersonoridad en el ápex pulmonar. El coma se hace cada vez más profundo y se acentúa el síndrome de anemia aguda. Hay posibilidad de ruptura de arterias intercostales. ¿Alcanza? Yo lo dejaría en paz...


Confieso que ni el mejor de mis residentes hubiese llegado a este nivel de perfección clínica, la descripción tiene movimiento y va subiendo de tonalidad hasta rematar en un golpe diagnóstico. El párrafo corresponde al reporte del Dr. Rius a su viejo médico jefe en la sección Cuenta el médico del cuento Jacob y el Otro de Juan Carlos Onetti.


En el clímax del cuento, uno de los contrincantes de la lucha, sobre en un estrado improvisado en el cine Apolo del pueblo de Santa María, ha volado por los aires aterrizando entre el pánico y las sillas del auditorio. El despojo humano es recogido raudo por uno de los camilleros del hospital, en una rutina que para él, testigo de cientos de derrotas y casualidades, es como levantar un armario roto o una taza de café derramada.


A la misma hora, al otro lado del pueblo, el Médico Jefe está fumando unos cigarros y jugando póker con los amigos de siempre, acaso jugando al azar con su rutina gastada y sus luchas interiores. Dentro de sí, él desea dejar pasar un día más y para el futuro se reserva el placer de arreglar su viejo y destartalado auto. Pero esa noche debe de reparar un cuerpo maltrecho, derrotado y, como diría Loayza, prometido a la muerte. Ya en el hospital, recogido por la ambulancia y alertado por su sabio camillero durante el camino, el viejo jefe imagina lo que encontrará. Frente a la camilla, entre locetas y lámparas, escucha lo siguiente


Si quiere trabajar —dijo—, lo tiene listo en dos minutos. No hice casi nada porque no hay nada que hacer. Morfina, en todo caso, para que él y nosotros nos quedemos tranquilos. Sólo tirando una monedita al aire se puede saber por dónde
conviene empezar.


Ese fue Rius, el médico de guardia, pragmático, jugando a Dios, como muchos de nosotros en las noches de guardia o en las rondas matutinas. Haciendo predicciones sobre la vida, tirando las cartas de muerte sobre las camas de hospital. El médico jefe, aún con el tufo de cigarro y alcohol, así como la viada de la partida de póker, exclama:



A mí, los enfermos se me mueren en la mesa.


A mi también. Por lo general, pierdo luchando pero algunas veces, sea por decisión familiar o porque ya uno siente la muerte respirando la nuca y envolviendo la mortaja, es que entrego esa promesa corporal con dignidad y paz, como hacían los guerreros derrotados al rendir su espada. Con la confianza que como el oleaje o las campanadas de una iglesia, tendré una nueva oportunidad.
Y así lo hizo el viejo médico con Rius, que vio el amanecer desde la mesa de operaciones:
—Mejoría del pulso, respiración y cianosis. Recupera esporádicamente su lucidez...
—No, hermano —dijo cuando estuvimos solos—. Conmigo, cualquier farsa; pero no la farsa de la modestia, de la indiferencia, la inmundicia que se traduce sobriamente en "una vez más cumplí con mi deber”. Usted lo hizo, jefe. Si esa bestia no reventó todavía, no revienta más. Si en el club le aconsejaron limitarse a un certificado de defunción —es lo que yo hubiera hecho, con mucha morfina, claro, si usted por cualquier razón no estuviera en Santa María—, yo le aconsejo ahora darle al tipo un certificado de inmortalidad.
Después de esto sólo queda, quitarse las batas de sala, tirar los guantes ensangrentados y purificarse las manos con el agua corriente del quirófano. Para los que ya están de regreso de la vida, queda el cansancio mezclado con escepticismo, de probarse día a día retando a la vida, y a la muerte, con una nueva sorpresa. Para los nuevos, como el Fernandez del cuento, el joven camillero, la sorpresa es una conspiración del destino, como esa frase de antología:
"Alguien me estafa, la vida no es más que una vasta conspiración para engañarme”.

jueves 27 de agosto de 2009

¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?


No he leido la novela de Philip K. Dick, pero si me considero un fan de Blade Runner. Aunque ahora he abandonado un poco la ciencia ficción y para dedicarme a ambas por separado, es decir por un lado la investigación y docencia en Ciencias y por el otro, a la fición literaria. Estoy involucrado, parte de mi tiempo, en la creación de escenarios de Simulación Clínica. Una versión de la Verdad de las Mentiras en el campo médico o como la la ciencia ficción pisa la realidad.

Bajo la premisa que uno aprende haciendo, y según considero también equivocándose, es que se somete a los estudiantes a situaciones clínicas ficticias en un ambiente artificial, con pacientes artificiales (muñecos o dummies). Tal como se hace en las simulaciones de vuelo de los pilotos, donde la idea es probar las destrezas del entrenado y el error no traiga consecuencias en terceros sino que sirva como modelo de aprendizaje.

Paradójicamente, no deja de estremecerme la oportunidad de estar manipulando robots o maniquíes, yo que estoy acostumbrado a enfrentar la vida y la muerte en tiempo real. En carne y hueso. Los ambientes clínicos parecen los de Dr. House, E.R. o Grey´s Anatomy, pero caminando por mi hospital me doy cuenta que lo me provoca extrañeza en el centro de simulación es la perfección.

Es que se necesita de modelos imperfectos e imprecisos como los seres humanos. con todas o parte de las deformidades físicas y mentales que otorga la enfermedad. Es como esas obras literarias donde todo es bonito con personajes son 100% nobles y uno termina empalagándose de tanto dulce. Ya que la tecnología no puede ni debería alcanzar los niveles truculentos de creaciones perversas como el monstruo de Frankenstein, la computadora HAL de 2001 Odisea del Espacio o los robots de Asimov, uno podría alterar las situaciones clínicas que imiten la vida real de un hospital, y como en las simulaciones de vuelo, crear personajes (léase pacientes) y argumentos (léase enfermedades), que a pesar de ocurrir en un ambiente fantasmal, crudo y frío, encuentren obstáculos como los cotidianos, para que el lado humano, es decir el error y la respuesta al stress, configuren un ambiente real.


Mientras tanto, salgo a mi ventana a ver la naturaleza y evaluar mi proceso de creación, pensando en las Leyes de la Robótica que creó Isaac Asimov:
  1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

¿Soñaran mis androides con ovejas virtuales?